COMITÉS DE ÉTICA HOSPITALARIA
Dr. Gabriel d´Empaire
Médico Cardiólogo Intensivista, Magíster
en Bioética, Fundación Venezolana del
Corazón, Miembro de la UNESCO.
Dra. María Eugenia d´Empaire
Médico Ginecólogo, Magíster
en Bioética
Primera Experiencia Nacional
Una de las características más resultantes
del siglo XX ha sido el extraordinario desarrollo tecnológico
que en los últimos 50 años y aun con
mayor énfasis en las últimas 3 décadas
ha invadido todos los ámbitos del quehacer humano.
Este desarrollo, sin lugar a dudas, ha traído
extraordinarios beneficios a la humanidad, y a la vez,
ha planteado importantes problemas éticos que
debemos conocer y afrontar.
La expansión ilimitada de la ciencia nos genera
la necesidad de una reflexión paralela que con
la misma intensidad valore si este desarrollo, de alguna
manera, vulnera o pone en peligro la vida y la dignidad
del ser humano. Surge así, el reto de lograr
un desarrollo armónico entre las ciencias y
los valores humanos.
Si bien, estos avances han
afectado muchos ámbitos
de la vida humana, en el campo específico de
la medicina han tenido especial repercusión.
El médico de hoy debe enfrentar diariamente
complejas decisiones relacionadas, entre muchas otras,
con: la limitación de medidas terapéuticas
en pacientes terminales, los altos costos de la medicina,
la autonomía de los enfermos dentro de la relación
médico paciente, el aborto, el SIDA, la confidencialidad
de los datos en el mundo de la informática,
los peligros potenciales de la manipulación
genética, las dudas sobre conceptos como la
eutanasia y el suicidio asistido. Problemas para los
cuales, por lo general, el médico no está formado
y donde los códigos deontológicos no
aportan soluciones.
Como consecuencia de este desarrollo, los costos de
la medicina se han incrementado en forma muy significativa.
Este hecho ha llevado a un enfrentamiento frecuente
entre la obligación del médico de ayudar
al enfermo y la posibilidad real de poder hacerlo,
por lo cual, se ha generado la necesidad de re evaluar
los esquemas sanitarios de la mayoría de los
países del mundo occidental, en busca de sistemas
sostenibles y más justos. Tal ha sido la profundidad
de los cambios propuestos en algunos de ellos, que
ha surgido la pregunta de sí debe diseñarse
una nueva ética adaptada a esta nueva realidad.
(1)
Paralelo a la tecnificación han ocurrido también
profundos cambios en las relaciones humanas, las cuales,
al menos en el mundo occidental, se han horizontalizado
y han mostrado una clara tendencia al respeto a las
libertades, a los derechos humanos y a la tolerancia.
Ha surgido así, a finales de este siglo, un
nuevo esquema en la relación médico paciente
donde el paternalismo clásico, ha sido sustituido
por una relación donde la libertad y autonomía
del enfermo tienen prioridad.
La velocidad con la que ha
ocurrido este proceso ha sido
tan rápida, y el enfoque de la medicina
y de los estudios médicos se alejó tanto
de las consideraciones valóricas del ser humano,
que muchos médicos no han tomado conciencia,
aún, de la profundidad de los cambios que estamos
viviendo y que generan a diario situaciones conflictivas
que muchas veces no entienden o no saben como afrontar.
La Bioética surge, a principios de la década
del 70, como una disciplina que busca estudiar estos
problemas, diseñando una metodología
que permita brindar las herramientas necesarias para
la búsqueda de las soluciones más convenientes
en cada uno de estos casos.
Si bien esta claro, que ante
los dilemas éticos
que nos presenta la medicina de hoy existe una dimensión
deontológica que establece normas y principios
que deben ser observados y que constituyen una marco
de referencia necesario. Está también
claro que estos principios son generales y no permiten
en muchos casos establecer la mejor forma de actuar
ante situaciones concretas, las cuales se dan en determinadas
circunstancias que son particulares de cada caso y
que deben ser analizadas y deliberadas ampliamente
(2). Por otra parte, el avance tecnológico ha
dejado atrás muchas normativas legales y deontológicas,
dado que la velocidad con que estas últimas
se producen es siempre más lenta que la aparición
de técnicas novedosas en el campo médico.
Es precisamente en esta dimensión deliberativa
del razonamiento moral, que el médico de hoy
debe desarrollar sus mayores habilidades. La discusión
amplia que permita la consideración de todas
las variables posibles que en un momento determinado
coinciden en un paciente, es el procedimiento fundamental
del acto médico. Entendiendo por variables todos
aquellos problemas que de una manera u otra afectan
a ese paciente en particular. Por tanto deben ser considerados
los diferentes problemas clínicos que caractericen
la enfermedad del paciente en cuestión, pero
también todos los problemas sociales, económicos,
axiológicos y éticos que de alguna manera
rodean, inciden y caracterizan el momento de la vida
de ese enfermo particular.
Es dentro de esta concepción del acto médico
que puede comprenderse la importancia de los comités
de ética, los cuales son espacios de reflexión
donde de una manera amplia, plural y deliberativa se
busca clarificar las situaciones de valor implicadas
en la práctica médica diaria.
De lo antes expuesto, es fácil deducir que la
medicina de finales de este siglo, y de ahora en adelante,
enfrentará nuevos y cada vez más complejos
problemas, que exigen una aproximación diferente.
Un nuevo paradigma de la profesión que ha dejado
atrás la relación paternalista, vertical
y causalista clásica, dentro de la cual se venía
realizando el razonamiento médico, para sustituirla
por una nueva visión mucho más vertical,
plural y deliberativa que permita afrontar adecuadamente
cada una de las situaciones que diariamente se presentan
en el quehacer médico.
Como parte de las soluciones
que se han planteado para garantizar
esta aproximación surgieron en la
mayoría de los hospitales de los Estados Unidos
y Europa, los Comités Asistenciales de Ética,
a fin de crear estructuras que permitan la promoción,
educación y asesoramiento sobre los temas de
Bioética.
|